Chapter: El viaje

El hotel

Al acercarse al hotel, pudo comprobar que se trataba de un edificio viejo, con una estructura extraña. La luz mortecina del atardecer le dejaba apreciar una arquitectura curiosa, incluso con torreones, asomada al barranco que se abría a los pies del puerto. Se dió cuenta de que la cumbre no estaba ya muy alejada, a partir de allí la carretera empezaría a bajar enseguida.
- Ahora ya no tiene importancia...

Valle

La belleza de aquel sitio era tal que no pudo por menos que asomarse al barranco rodeando de la casa, aunque tenía presente la urgencia de llamar a la grúa como prioridad. Lo cierto es que la estampa era bellísima, aún a pesar de no poder contar con toda la luz como para apreciarla como era debido. En frente del hotel, más abajo, una espectacular catarata volcaba las aguas en el lecho del río que había labrado el valle. A su izquierda, la casa colgaba sobre el barranco de una forma que incluso parecía preocupante, mientras a su derecha veía serpentar la carretera, que trataba de ganar altura con respecto al río, encajonado en el fondo.
- Quizás en algún momento se trató de un hotel de lujo.

Caserón

Lo cierto era que su hotel ya no parecía un hotel. Aunque la casa en sí parecía estar bien, algunos desconchones en las paredes y una cierta dejadez y abandono que se apreciaba como repartida por toda la casa sugerían que había pasado por tiempos mejores. A lo mejor en su momento había sido un hotel, incluso un gran hotel, aunque ahora mismo como mucho seguramente sería una casa particular de alguien, alguien que esperaba que estuviera en casa, con una línea de teléfono útil.
- Veámoslo.

A medida que se acercaba a la casa, iba planeando lo que le iba a decir al dueño de aquel lugar. Sería quizás buena idea ofrecerse a pagar la llamada. Buscó en uno de sus bolsillos, hasta encontrar su cartera. De su interior, revisó brevemente sus escasos dineros, y sacó una tarjeta de visita, que pensaba que le podría ser útil. "Lucas Álvarez, agente de ventas." Sonrió al contemplar la tarjeta, una de esas baratas que se podían encargar rápidamente por docenas. Agente comercial, agente de ventas... todo esconde la misma realidad.

Sumido en sus pensamientos, se había llegado hasta la puerta del caserón. Llamó con los nudillos, y la puerta cedió fácilmente, chirriando calladamente sobre sus goznes. No sabía qué hacer. ¿Debería entrar?¿Significaría aquello que allí no vivía nadie? La noche caía rapidamente, no parecía buena idea pasarla al raso, y la perspectiva de quedarse en el coche tampoco le volvía loco.
- Qué diablos...

Entrada

Se adelanto por el zaguán, caminando despacio, rumiando.
- Si aparece alguien, se lo explicaré todo.

Una escalera enorme escalaba hasta el primer piso, mientras a ambos lados se abrían sendas puertas. Desde allí podía vislumbrar una cocina, mientras la otra puerta permanecía cerrada. Llamó a la puerta cerrada, sintiéndose un poco estúpido. Al no haber respuesta, la abrió despacio, pero no encontró a nadie. Se trataba de una pequeña estancia, estrecha pero muy alta, alzándose durante dos pisos. Las paredes estaban repletas de libros, de todos los colores y tamaños, en estanterías sobrecargadas con un sistema de escaleras adosado. Una pequeña mesa y una silla a juego en el medio, completaban la estancia. Se convenció de que allí no hallaría nada útil, y salió.
- En fin, ya puestos...

Tomó la escalera y comenzó a subir peldaño a peldaño, sintiendo durante la subida cada paso, cada latido de su corazón, cada crujido de la madera. Subió dos tramos, y llegó hasta el primer piso. Y allí estaba él: el dueño de la casa.
- Bueno, al menos eso parece.

Aquel hombre tenía la mirada ausente, parecía mirar más allá de donde estaba, sin verle, sin reacción de ningún tipo. Nada. Cuando se recuperó de la impresión, se decidió a hablar.
- "Hola, perdone que haya entrado así, pero es que mi coche se ha estropeado, nadie respondía y..."

Se detuvo, sorprendido de no encontrar ninguna reacción, ni la más mínima, en la cara de su interlocutor.
- "...verá, yo, necesitaba llamar a la grúa, y..."

De nuevo, ninguna reacción. Se acercó, y pasó la mano por delante de su cara. De nuevo, no pudo ver ninguna reacción. Si acaso, observó que el hombre se balanceaba brevemente adelante y atrás. Aparte de aquel movimiento, nada más.
- Y no será uno de esos... ¿sonámbulos? Si es así, no debería despertarle... ¿Debería llevarlo a su cama?

Aún a pesar de todas aquellas dudas, no pudo evitar echar un vistazo por detrás de él: una puerta abierta permitía ver el ansiado teléfono. Sabiendo que el interesado no se movería, le rodeó y alcanzó lo que debía ser el dormitorio del hombre. Al igual que el resto de la casa, todo seguía mostrando un aspecto de abandono, quizás no demasiado marcado en aquella estancia. La estancia era amplia: aparte de una cama, una mesilla y una armario, todos pasados de moda hace tiempo, junto a la ventana un pequeño estudio de pintura se completaba con una pequeña mesilla redonda en donde se situaba el teléfono. Varios lienzos sobre sus caballetes mostraban mujeres jóvenes... desnudas... y contra el rincón de la habitación, un mueble con ruedas sostenía una televisión de tubo, un video VHS en un estante inferior, y varias cintas, sin caja, encima del mismo.
- Vaya...

Teléfono

Lucas se planteó qué hacer a continuación, mientras se cercionaba de que el dueño de la casa seguía de espaldas a él, impertérrito y ajeno a la invasión de su intimidad.

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