Chapter: Oscuridad

Las palabras de Silvia resonaban en su cabeza a medida que ascendían hacia la casa. "¡Tú no sabes nada!". Por un lado, sentía que era cierto: no tenía ni idea de lo que ella había tenido que pasar allí, al margen, eso sí, de cierto vídeo bastante explícito. Por otra parte, sentía como si no se mereciera su actitud. Le había sonado a reproche. Y por si fuera poco, todo aquello sonaba a locura.
- Es una mala idea.

Estaban débiles, no habían dormido, apenas habían bebido unos tragos, y hacía algún tiempo que no habían comido. Aquello pintaba realmente mal. Resopló, aunque no se atrevió a volver a discutir con ella.

Mientras tanto, habían llegado hasta la casa. Lucas, que la había explorado aquella fatídica noche, guió a Silvia en el rodeo, evitando y manteniendo la mayor distancia posible entre la casa principal y ellos. Como siempre, por la carretera no pasaba ni un maldito coche. Lucas suspiró: tan cerca y tan lejos.
- Si pasara un coche ahora, me subiría corriendo en su capó y no pararía hasta dejar aquella maldita casa bien lejos. ¡Y que se las apañe ella con su estúpida venganza!

Estaban más o menos escondidos, fuera de la vista de la casa principal. Lucas resopló, miró hacia al suelo y puso los brazos en jarras.
- Silvia, esto es una locura. No vamos a lograrlo.

Ella ni siquiera le miró. Parecía buscar algo, ensimismada, explorando el sitio.
- ¿Quieres irte? Vete.

Ahora era él quien la seguía a ella. Silvia dobló una esquina, hasta quedar en frente del edificio anexo, donde se abría una puerta de garaje. La puerta del garaje no era precisamente recia, cosa que ella quizás ya sabía, porque vió que en su mano llevaba una piedra que utilizó para golpear la cadena y el candado que la cerraban. Sin demasiado esfuerzo, para sorpresa de Lucas, la puerta estaba abierta, con el candado yaciendo en el suelo.
- ¿Lo vés? Puedes irte cuando quieras.

coche en el garaje

El garaje era una construcción desnuda y alargada, cuyas puertas abarcaban la totalidad de la anchura. En el lado derecho había mucho sitio, mientras un utlilitario ocupaba el espacio a la izquierda. El coche era bastante viejo sí, pero seguramente funcionaba, porque (supuso Lucas) era el que Alfonso utilizaba en sus excursiones al pueblo. El viajante se asomó por el portón abierto, vió que no había movimiento, y retiró el candado, echándolo a un lado en el interior. Entornó también la puerta, y se giró, mirando pensativamente a Silvia. Lucas dio unos pasos hacia ella y levantó las manos, con las palmas hacia arriba.
- Y entonces, ¿qué harás tú?

Ella se acercó a Lucas mirándole directamente a los ojos, como reprochándole su actitud.
- Ya te lo dije. ¡Cortarle los huevos a ese desgraciado!

Lucas movió la cabeza lentamente, de un lado a otro. Allí estaba aquel coche, con el que podrían huir con seguridad. En solo unos minutos, estarían a varios kilómetros de allí. Libres. Era demasiado tentador.

Por el momento, Lucas ignoró a Silvia, y se puso a examinar el coche en profundidad. Trataba de obtener un objetivo doble: por un lado, quería rebajar la tensión que se había creado entre Silvia y él, y por el otro, quizás encontrar las llaves de aquel coche sería un argumento demoledor, que le ayudaría a convencerla de desechar su loco plan de venganza.

Las ventanillas estaban bajadas, y abrió una de las portezuelas sin dificultad. Se sentó en el interior, que olía a cuero viejo, y cerró los ojos unos segundos mientras se embarcaba en un viaje hacia el pasado, al mismo modelo de coche que poseían sus abuelos, y en el que le habían llevado tantas veces. El encanto solo se rompió cuando repentinamente recordó que aquel coche no pertenecía a sus abuelos, sino a un secuestrador pervertido.

Suspirando, desplegó el parasol. Silvia le miraba, ahora divertida, a través del hueco de la ventanilla.
- ¿Pensabas que las llaves estarían ahí, como en las películas norteamericanas?

Lucas sonrió, y las risas relajadas de ambos hicieron eco en el pequeño garaje, hasta que ambos se recordaron el uno al otro, mediante gestos, que debían bajar la voz.
- Bueno, ¿no merecía la pena intentarlo?

Ella había posado las manos sobre el marco de la ventanilla, y ahogó una risita nerviosa hundiendo la cabeza entre los brazos. Él se la quedó mirando, capturado por el encanto que manaba de ella, y que fácilmente le embaucaba cada vez que hacía aquel gesto. Sus ojos se cruzaron brevemente cuando ella levantó la cabeza, sin dejar de sonreír. Entonces, ambos apartaron la mirada, incómodos.

Lucas aprovechó aquel momento de confusión para rebuscar en la guantera del coche. Era una guantera abierta, de las de antaño, apenas una bolsa de cuero fijada a la chapa del coche. Metió la mano hasta el fondo, palpando el interior de la bolsa. Se desesperó, e involutariamente su mirada viajó a la consola, a la derecha del volante, donde se alojaba el contacto. Aunque tuviera ganas de jugar a los ladrones y tratar de hacerle un puente al coche, le resultaría complicado desmontar aquel mecanismo entero. Aunque quizás... un sudor frío se apoderó de él cuando sus dedos tocaron algo metálico. Retiró aquel objeto en su mano, sin poder creérselo, y lo sostuvo con la palma hacia arriba como si se tratara de exhibir un tesoro.
- ¡Mira Silvia, fíjate!

Era la llave del coche. Silvia esbozó una tímida, triste sonrisa, mientras bajaba su mirada al suelo, todavía apoyada en el marco de la ventanilla. Se impulsó hacia atrás con los brazos, dejando que se balanceasen por sí mismos hasta colocarlos en jarras, mientras se volvía hacia la pared.
- Pues eso, cuando quieras puedes irte.

Lucas la ignoró, saliendo del habitáculo. Había tomado ya una decisión, una decisión que le perturbaba seriamente, pero de la que estaba inexplicablemente seguro. Se dirigió al maletero del coche, y lo abrió, rebuscando en su interior. Al momento, apareció con una llave de tuercas y una gran llave inglesa.
- Ahora, al menos, tenemos algunas "armas".

Silvia se dió la vuelta, y le miró con una sonrisa inquisitiva.
- Entonces, ¿no te vas?
- Ya te dije que no.

Le entregó la gran llave inglesa a ella, y él se quedó con la llave de tuercas. Guardó la llave del coche en el bolsillo del pantalón, y le espetó la gran pregunta
- Bien, ¿cuál es el plan?

Silvia dudó un instante.
- Tú entras por la parte de atrás, y yo por la de delante, nos juntamos en la base de las escaleras. Si no hemos dado con él antes, subimos juntos y nos lo cargamos.

Lucas también dudó unos instantes.
- No recuerdo que hubiera una entrada trasera. ¿Estás segura?

Ella carraspeó, y apartó la mirada.
- Bueno, no...

Lucas tomó entonces la iniciativa. Pensó durante unos instantes, y entonces empezó a explicar lo que harían.
- Esperaremos a que se haga de noche. Así tenemos alguna opción de que Alfonso esté en alguno de sus trances. Al menos, la primera vez que lo ví así era de noche...

Silvia asintió, expectante. Al mismo tiempo, lucas tomó una cuerda que encontró en una esquina del garaje.
- Lo reducimos, y entonces...

Había marcado la palabra a propósito, fijando una mirada significativa en los ojos de ella, y después continuó.
- ...entonces lo metemos en el coche y nos lo llevamos con nosotros al cuartel de la Guardia Civil más cercano.

Silvia suspiró largamente.
- Está bien, está bien.

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